lunes, 21 de septiembre de 2015

Levantate.

Es duro.
Es duro ver mi vida desangrarse lentamente, es duro ver como entregamos aquello que debería ser nuestro, a unas cuantas manos, llenas de avaricias y vacías de consciencia.
Es complejo ver que se abandona lo que se debería defender.
Es difícil atravesar aquellas puertas, tan vacías ahora, tan tranquilas, y al mismo tiempo en conflicto.
Más que ver, observar. Más que sentir, reflexionar.
La muerte te eriza los vellos de la piel y un llanto nuevo se extingue en los ecos de las blancas paredes, algo descarachadas, pero sin duda, cruelmente abandonadas, por un pueblo ciego alimentado por pan y circo, unos políticos de buena labia y de mal hacer y unos medios de comunicación engañosos e hilarantes, que muestran muerte en Siria, y no muerte en nuestras calles.
Éste es el último latido, el último suspiro, el alarido final.
Me indigna la indignación de unos cuantos que cuando van a sus EPS y esperan tres horas por un servicio, discuten entre dientes, pero no se indignan por el abandono del patrimonio de un pueblo, de la salud de un país.
Me irrita la irritación de unos cuantos, que cuando ven al pueblo marchando, los tildan de forma grosera y despectiva.
Esta no es lucha de unos cuantos.
Esta es la lucha de un pueblo entero.
No permitamos que aquellos de bolsillos llenos, nos rompan en pedazos a nosotros, quienes somos los verdaderos gobernantes, los de real poder.
No permitamos que los que nosotros colocamos allá arriba, ahora nos pisoteen.
Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen.
Seamos honestos con nosotros mismos, seamos solidarios, seamos reales.
Levantemonos ante las injusticias, y en voz vibrante, declaremos las verdades.
Este es nuestro hospital. Es nuestro templo.
ÉSTA ES NUESTRA SALUD.
Alza tu voz. Alza tus manos. Grita. Aulla. Reclama. Exige.

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