martes, 29 de noviembre de 2016

El sabor de un beso.

No puedo parar de mirarlo. Sus ojos son de un café tan profundo, que hace que me cuestione la posibilidad de sumergirme dentro de ellos. Su sonrisa puede alumbrar el lugar por entero. Su cabello ondea al viento inexistente dentro de este lugar, se ve tan sedoso que no puedo evitar crispar las manos por el deseo de enterrar mis dedos entre las hebras de su cabello. Sus cejas son perfectas, negras y gruesas, y se curvan de una forma irresistible cuando sus ojos sonríen. Sus manos son grandes, y estoy segura de que podrían abarcar toda mi espalda en un solo abrazo.
Apartó la mirada cuando el me pilla estudiándolo, y un suave escalofrío recorre mi espina dorsal cuando su risa es receptada por mi órgano auditivo.
Me sonrojo y me miró las manos, dibujando círculos con mis muñecas.
Han pasado años desde que alguna vez estuve encerrada en la cárcel de su pecho, meses desde que dibuje líneas invisibles sobre su piel.
Y sin embargo, no puedo arrancarme esa sensación de atracción de imanes que la electricidad de estar en el mismo espacio físico que él me genera.
Porque, fuera como sea, mi espacio emocional se quedó con él en nuestro último beso.

Una dama guerrera.

¿Cuanto tiempo tengo que existir para que decidas notarme? He estado aquí desde siempre, intentando prender una nueva luz dentro de tu vida, ser aquella esperanza que has estado buscando, sin embargo, eres tú y sólo tú quien se empeña en arruinar mis intentos de encendernos, como si la idea de que alguien penetrara en el laberinto que protege tu alma te aterrará. ¿Tienes que lastimarme para evitar ser herido? ¿Puede ser esto más cruel y perturbador? Pero hoy, me decido a dar un paso atrás. Las lágrimas que han caído por mis mejillas inundando el suelo han sido suficientes, he arañado las paredes sin cansancio, destrozando mis dedos y uñas, sangrando desde lo profundo, para intentar llegar un centímetro más allá de aquellas paredes reforzadas a las que no quieres darme acceso. Pero me rindo. No voy a pasar un segundo más intentando encontrar a alguien que se mantiene encerrado en sí mismo por miedo. Bajo mi escudo y renunció a mi estandarte. Me doy la vuelta y me alejo. Hoy has perdido a una mujer que sentia lo más noble que alguien puede sentir, yo estaba dispuesta a matar dragones por ti, a pasar por puentes levadizos con lava ardiente justo bajo nuestros pies. Así que, en esta batalla sin escrúpulos, eres tú quien ha salido derrotado. Yo por mi parte buscaré un caballero, de brillante armadura, que quiera pararse a mi lado y luchar contra todos los obstáculos que se nos atraviesen en busca de nuestro felices para siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Te quiero.

Ya no estoy en edad de jugar a que te quiero. Las cosas entre los dos han sido claras. Si me quieres, estoy aquí para leerte libros al oído, mostrarte constelaciones conformadas por mis lunares, observar de tu mano las nubes y navegar en el mar azabache de tus ojos. Si no es así, puedes tomar tus palabras e irte, no las necesito. Soy el tipo de mujer que si quiero halagos, me los regalo a mi misma, en forma de poesía. Soy el tipo de mujer que disfruto de mimarme a mi misma. No te necesito para eso, pero te quiero para cada instante; en el que anhelo mostrarle a alguien los rincones de mi alma.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Heart wants what it wants.

Cada lugar de mi cuerpo cobra vida de una forma especial. Mi piel vibra con estática. Mis ojos se abren y todo parece tener un nuevo brillo. Mi corazón se desboca y la sonrisa en mi rostro se expande. Me estremezco y ojalá tú lo notaras. Pero no lo haces. Me miras de reojo y haces una mueca que cualquier persona podría confundir con una media sonrisa. Pero yo te conozco. Esa mueca confusa es el secreto de todo lo que pasó y todo lo que recientemente ha terminado. Es el significado de los besos a escondidas que nos dimos bajo el árbol  de luciérnagas en el patio de tu casa, de los abrazos que nos fundían en una sola alma, de los secretos susurrados al oído, de las risas que se nos escapaban. De ese amor fuerte y real, ese amor que nos impacto con fuerza y cuando nos dejó en el suelo, tú decidiste levantarte.

Me cruzo en tu camino y te obligo a mirarme. Tus ojos azules hielan mi corazón, pero no te mueves un solo centímetro.
Estiro la mano y rozo tus dedos, que por reflejo intentan enroscarse con los míos.

Mi alma te mira. Mi corazón se desnuda.

Cierras los ojos y tu respiración se acompasa.

Tengo muchísimas razones para dejarte ir, para olvidarnos.

Pero el corazón quiere lo que quiere.