sábado, 19 de julio de 2014

Su sonrisa.

Había algo en su sonrisa que me encendía el alma. La forma en la que sonreía era especial, nunca había visto una sonrisa como la suya. La manera en la que sus labios se curvaban te hacia temblar las rodillas. La perfección de cada uno de sus dientes, blancos, cuadrados, te hacían querer nunca dejar de verlos, el color sonrosado de sus labios, ni muy delgados ni muy gruesos, solo te daban ganas de morderlos, y esos hoyuelos en sus mejillas, como las comillas perfectas de mi verso preferido. Esa sonrisa, su sonrisa, la misma sonrisa que no podía sacarme de la cabeza. Fue de lo que me enamore, del hechizo cruel y perfecto de aquella sonrisa encantadora.

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