Mi libertad está determinada solo por mi, por mis deseos y mis aspiraciones. Desde el inicio de los tiempos, mi Dios me dio libertad para escoger y vivir mis elecciones. Desde que tuve uso de razón efectue esa libertad, escogiendo según mis deseos y mis aspiraciones. Hoy mi libertad está acompañada de la suya, porque no puedo elegir unicamente según mis deseos. Yo elegí estar a su lado, abrazarlo, quererlo, comprenderlo. Ser su amiga y su compañera. Mi elección fue él y las condiciones de las que él venía acompañado. Él condiciono su libertad a mí y yo la mía a él. Y aunque nunca en toda mi vida pensé en condicionar mi preciada libertad tampoco nunca me había sentido tan feliz de una decisión hecha en mi pleno poder de elección. Porque lo escogí a él y eso satisface los otros gritos de mi razón.
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