lunes, 17 de noviembre de 2014

Su sonrisa me hacía feliz. Era imposible no sonreír si él sonreía, o no admirarlo. No sumergirme en sus ojos, abrumada por su olor, enredada entre sus brazos. Me hacía absolutamente feliz, de la forma más pura que existe. Le quería porque cuando me abrazaba me sentía segura, refugiada, protegida. Porque cuando me miraba, iluminaba mi alma, aceleraba mi corazón. No había nada más hermoso que escuchar su corazón latir contra mi oreja. Que solo descansar entre sus brazos, escuchar su divina risa. Me encantaba, sin duda, porque era lo que yo había estado esperando. Porque me hacía sentir aquellas mariposas revoloteando en el estómago, y porque me hacía querer que esas mariposas se mantuvieran ahí. Te quiero, innegablemente. Sin duda lo hago. De la forma más real que haya sentido jamás.

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