martes, 6 de octubre de 2015

Painfull reality

A veces nuestros sentidos no funcionan correctamente, y todo en lo que podemos confiar se vuelve borroso. El razoncinio no funciona de la forma en la que debería, y tus percepciones de la realidad se ven alteradas por fantasias tan aferradas a tu subconsciente que se están transportando a la corteza cerebral.
Y entonces, tu sistema neuronal colapsa.
Tienes alucinaciones, alucinaciones de un amor del que estabas convencida de tener, besos, abrazos, caricias, una noche en que la luna llena era la única luz y los roces de piel eran tan constantes como los ruidos bajo las sabanas.
Un amor explotante, fascinante, de mil colores, de mil texturas, de apetecibles olores y de dulce sabor.
Las alucinaciones se sienten reales, igual que los sentimientos que te causan.
El sistema neuronal se altera aún más, y entonces, recuerdas lo que es el dolor, la tristeza, la agonía.
Las ensoñaciones se vuelven pesadillas, y todo aquello que se veía rosa está teñido de un rojo sangre brillante, lleno de color purpuréa y contusiones constantes.
Todo lo que ves es mentira, y todo lo que sientes es falso.
Abres los ojos.
Tus oídos pitan.
Hay llamas a tu alrededor, pero sólo están en tu mente, sólo te quemas por dentro.
Todo a tu alrededor es blanco, y huele a cloro y latex.
Estás en una cama de un hospital, tus brazos y piernas inmovilizados.
Sigues sintiendo el ardor, y cuando puedes mover tu cabeza, ves las heridas profundas de tus brazos, y esperas que no se prolonguen bajo la bata transparentosas.
El amor fue mentira. Fue una dulce fantasia. Nada más que las alucinaciones por la falta de medicacion.
Pero el dolor... el dolor es real.
Es lo más real que tienes.

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