domingo, 1 de junio de 2014

Mis sonrisas.

Mis sonrisas se debían a el. A sus abrazos cuando, al final del día llegaba a casa y me sostenía entre sus brazos cual si fuera su vida. A sus besos, que eran el descanso de mi alma en las mañanas, en las noches, en las tardes, a cada segundo. A sus sorpresas, a que podía hacerme el día con tan solo una rosa. Sonreía por él, por toda su esencia y su particular manera de enamorarme, se debían a él y a sus conquistas en detalles pequeños, casi mínimos. Mis sonrisas se debían a sus sonrisas y al amor que solía profesarme con las miradas más intimas. Yo y todo lo que era se derivaba de él y de la dulzura inminente de la cuál solo un loco enamorado era capaz.

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