Hay algo en él que me hipnotiza.
No sé si es su mirada, o su sonrisa, sus risas esporádicas, que me hacen sonreír, que me ponen medio boba.
Hay algo en sus besos, que me hace sentir la necesidad de morir en sus labios, en una sonrisa suya, en aquellas mordiditas de amor.
Hay mucho en él, mucho que no sé poner en palabras, es exactamente ese mucho lo que me acelera el corazón cuando está cerca, lo que me hace sonreír sin quererlo, lo que estalla en mi pecho cuando me toma de la mano.
Todo en él, sus virtudes, sus defectos, lo bueno y lo malo, sus problemas, sus dificultades, sus beneficios, sus momentos perfectos, la forma en la que me toma de la mano, su voz, su olor, cada cosa, cada pequeña cosa, hacen a mi corazón un colibrí, y a mis piernas gelatina.
Son las 12:55 am, y no puedo dejar de rememorar sus labios sobre los míos, la infinitud de aquel momento finito, las cosquillas en el estomago, la felicidad bombeando en mis venas.
Acepto que su presencia me influye y su felicidad me ánima, porque me encanta su risa, y más que todo si es por mí, porque yo también siento ganas de reír, de sonreír mucho cuando él está cerca.
Este es solo un blog nacido del ojo de un huracán, del momento más grande de intensidad de una tormenta.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Hipnotizada.
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